En los últimos años, la energía solar ha dejado de ser un privilegio exclusivo de quienes instalan paneles en su propiedad. Gracias al modelo de comunidades solares, ahora cualquier persona o empresa puede acceder a energía limpia sin necesidad de invertir en un sistema propio. Este esquema, que ya está transformando el panorama energético global, combina tecnología, sostenibilidad y colaboración.
Una comunidad solar es un modelo de generación solar compartida donde varios usuarios se benefician de una misma instalación fotovoltaica ubicada en un punto común —por ejemplo, el techo de un edificio, un terreno o un parque solar comunitario—.
En lugar de que cada participante instale su propio sistema, todos comparten la energía producida de forma proporcional a su participación o consumo.
Esto significa que un usuario puede “suscribirse” a una comunidad solar y recibir la energía limpia generada, reflejada en un descuento o crédito en su factura eléctrica.
A diferencia de los sistemas residenciales o empresariales tradicionales, donde la instalación se limita a una sola propiedad, las comunidades solares democratizan el acceso a la energía solar, haciéndola viable incluso para quienes rentan o viven en espacios sin techo propio.
En países como Estados Unidos, España y Reino Unido, las comunidades solares ya son una realidad consolidada. Ejemplos como SolarShare (Canadá) o Bristol Energy Cooperative (Reino Unido) muestran cómo la energía compartida puede gestionarse de forma rentable y socialmente responsable, combinando inversión ciudadana, apoyo gubernamental y gestión técnica profesional.
Estos modelos evidencian que las comunidades solares no sólo reducen costos energéticos, sino que también generan beneficios sociales al involucrar a la población en la transición hacia energías limpias.
En México, el concepto de comunidad solar aún está en desarrollo, pero con un enorme potencial. Aunque la normativa actual de generación distribuida no contempla del todo estos modelos colectivos, nuevas propuestas legales buscan abrir espacio a esquemas más flexibles y colaborativos.
La AMIF estima que el país ya superó los 5 GW instalados en generación distribuida y se prepara para una “segunda ola” con reglas técnicas que permitirán integrar microredes solares y proyectos comunitarios.
En Niko, creemos que el desarrollo de comunidades solares puede resolver muchas de las problemáticas actuales del sector energético, al ofrecer una producción suficiente y una distribución adecuada que beneficie a barrios completos, ciudades o incluso regiones enteras.
Además, estimamos que la adopción masiva de estos modelos podría representar más de 103 mil millones de pesos en ahorros anuales para la Comisión Federal de Electricidad (CFE), al reducir los subsidios mal dirigidos hacia sectores medios o altos y optimizar el uso de energía limpia en zonas con mayor demanda.
La clave para que estos sistemas escalen en México estará en combinar tecnología de monitoreo, almacenamiento energético y aplicaciones de gestión, que faciliten la participación y garanticen transparencia entre los usuarios.
Las comunidades solares representan una alternativa accesible, colaborativa y sostenible. Permiten que más personas disfruten de los beneficios de la energía solar sin las barreras tradicionales de costo o infraestructura. Un modelo que, con el impulso adecuado, podría marcar el inicio de una nueva era de energía compartida en México, especialmente para condominios, escuelas, instituciones y pequeñas comunidades.